—Los colores marcan nuestras vidas, la desesperación llega cuando se nos escapa del campo visual uno de ellos, curiosamente suele ser el negro, pero si buscamos, y no ya sólo con la vista, sino también con oídos y mente, y ya de paso también con la mentalidad, la vida se nos puede cambiar. Eso es el resumen de lo que tenéis que saber de mi asignatura para este año. —Lo decía un tipo que no había parado de sonreír en lo que duró su estancia.
Juan Gallego Rodríguez levantó la mano, aquel muchacho de trece años quería preguntar algo:
—¿Y de material? ¿Un cuaderno?
—No, un cuaderno no, mejor un árbol. —Los escolares se miraron los unos a los otros con facies perplejas. — Pero no os miréis así, es normal, no quiero un cuaderno, os pido algo más, que tengáis el árbol de donde sale un cuaderno. Bueno, os voy a hacer hoy el primer y único examen del año, si aprobáis podemos dedicar mi asignatura a aprender cosas más importantes, si suspendéis deberéis seguir estudiando… para septiembre.
El leve barrullo de la desazón, de la queja acompañada, ya se dejaba oír, se palpaba y se le daba la bienvenida.
—Pero es que eso no tiene ningún sentido, no hemos dado nada de materia. —Señaló Juan.
—Pues claro que sí, ¿qué es lo primero que dije? Ahora, que si aprobáis, pasaremos a un nivel superior de aprendizaje donde yo también tendré que aprender en igualdad de condiciones. Aprenderemos de algo insustancial.
—Pero bueno…—Se oyó en el fondo esa expresión.
—Tranquilos chicos, a mí me echarán pronto y por tanto cumpliréis con los requisitos que todo alumno debe tener al finalizar el estudio de esta asignatura según la política escolar. En fin, saquen una hoja y respondan al epígrafe: «Campos visuales».
Los muchachos trabajaron tranquilos, y aunque ninguno consiguió dar con la explicación exacta que el profesor dio al principio de la clase, se dieron muchas respuestas correctas, brillantes y llenas de encanto.
«Campos visuales: Un campo visual es aquello que uno puede ver y que está compuesto por los colores. Si se ven todos uno puede ser feliz, aunque también tiene que ver mucho la armonía y composición de los mismos.» —Escribió uno.
«Campos visuales: De entre todas las cosas que conforman la vida el color es lo que nos entra por los ojos, pero no sólo se puede apreciar por los ojos, en el interior también hay colores, por ejemplo, si eres ciego sólo puedes ver los del interior. Si están bien la persona puede estar bien» —Escribió otro.
«Campos visuales: Las constantes vitales tendrán buen ritmo si desde que abrimos los ojos nos ponemos atentos para encontrar el máximo colorido (contraste). No es que esté o que no, sino que nosotros lo encontremos o no.» —Escribió otro más.
También hubo quien dejó el folio en blanco y suspendió, aquellos estudiantes cuando recibieron la noticia se marcharon con poca educación de la clase y acudieron a sus padres para que les dieran la razón. El resto, los que aprobaron, el día siguiente empezaron con la nueva metodología que tenía este profesor para enseñar, sin presiones ni exámenes, ni siquiera les obligaba a ir a clase, pero para una clase buena que tenían no iban a faltar. El primer día a los alumnos les estaba esperando un autobús en la puerta, se fueron al mar sin aviso previo a padres o tutores. La idea era que pasaran el día allí. Otro día fueron a unos jardines otoñales tremendamente hermosos, otro se dedicaron a plantar árboles en la explanada que se ubicaba enfrente de la escuela. Hicieron canciones, vieron películas, aprendieron a pintar, hicieron obras de teatro, habían visitado multitud de centros, aprendieron idiomas, hicieron diez mil kilómetros y justo cuando habían terminado de construir el Asilo Para Sufridores, al profesor le llamó por teléfono el director.
—Dígame.
—¿Se puede saber qué hace que no está en clase? —Un silencio sustituyó a la posible respuesta, y la voz malhumorada se reencontró de nuevo. — Bien sabe ya que está despedido, me trae a los muchachos y se busca un nuevo trabajo, ya nos encargaremos nosotros de encontrar un nuevo profesor.
—Ya sé que lo hice muy mal, sigo sin conseguir alcanzar la élite del bien hacer, pero si ellos aprendieron algo, por mínimo que sea, me alegraré. Ahora supongo que debo irme a Camerún, a intentarlo otra vez.
—Sí, sí, pásese y firme los papeles. Sepa que estamos muy enfadados con usted.

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