12.5.10

El Experimento Q1

«Richard Sevier es en estos momentos el neurólogo más importante del planeta. Nadie tiene por qué saber este dato, quizá sólo los estudiantes de neurología y su familia, sin embargo, no es nada disparatado que todos conozcamos, que aposentemos en nuestra cultura general, su principal y revolucionario experimento.

Richard Sevier, a la edad de treinta y siete años, puso un anuncio en el periódico local de una aldea mexicana, exponía lo siguiente: «Se ofrecen tres millones de dólares por participar en un estudio clínico». Fueron muchos los que llamaron al número que acompañaba a la nota, pero casi ninguno cumplía con los requisitos, apenas dos o tres. Richard Sevier necesitaba a una mujer embarazada, aunque en realidad lo que necesitaba era un neonato.

La mujer elegida, que ya sea dicho de paso, se llamaba Clara, firmó apresuradamente la total aceptación de las condiciones aun sin saber las posibles repercusiones. Dio a luz en una habitación oscura, muy amplia, tal vez de cien metros cuadrados, y en el momento de finalizar el parto le obligaron a marcharse, no quedó nadie, ni médico ni enfermeras ni madre. El bebé estaba solo, desnudo y sin haber sido lavado, en un entorno casi inexistente que se mantenía constantemente a la temperatura corporal. La comida aparecía sin ninguna distracción para el niño, a las horas adecuadas, en la cantidad adecuada y en el lugar adecuado. Se puede decir que no había estímulos externos para él.

La madre preguntó insistentemente que qué harían con su hijo, pero los responsables, incluido Richard Sevier, le indicaron que habiendo firmado el contrato no tenía derecho a comunicar su experiencia, mucho menos hacerla pública y aún menos llevar a cabo medidas judiciales, así como tampoco tenía derecho a pedir información. La madre estaba dolida, sentía que había traicionado al único humano al que no podía no amar, se acordó entonces de Judas y le compadeció, después donó el dinero y se suicidó defenestrada.

A Richard Sevier le llegó la noticia, pero poco le importó, «eso son daños colaterales» dijo distraídamente en una ocasión, él siguió con su experimento. Según su opinión todo ser humano recibe estímulos externos, que debe analizar y procesar, y estímulos internos; sin embargo, los externos condicionan la forma en que se procesan los internos y en numerosas ocasiones se puede decir que estos desaparecen. Richard Sevier creía en el ser humano como un ente sorprendente, maravilloso y casi todopoderoso. Supuso que al suprimir los estímulos externos, aquel niño, al que llamó Q1, no tendría más remedio que llenar el espacio de aquellos con estímulos internos, y de ese modo, crear un mundo interior prodigioso.

El niño, en un principio, lloraba mucho, algo que Richard Sevier entendió como la explosión de sentimientos interiores no expresables por otro medio que no sea el instintivo. Con el paso de los días, y aún más, con el de los años, pasaba la mayor parte del tiempo tumbado en el suelo, él trataba de sentir el máximo contacto entre su piel y la solidez. Su vida era bastante monótona, sobre todo a partir de que aprendiese a caminar, se pasaba todos los días arrastrándose de un lado a otro, aunque, por supuesto, había excepciones, un día pasó todo el día sentado en una esquina hasta que quedó rendido y se durmió; otro, empezó a caminar en medio de una elipse imaginaria.

Tal vez las expectativas de Sevier fueran demasiado optimistas, Q1 no levitó ni desarrolló ningún arte nuevo, tampoco creó una lengua nueva, ni inventó algún tipo de iluminación; sin embargo, no se puede negar que por primera vez en la historia de la Humanidad se comprendió cómo era la persona sin ambiente, o, con un ambiente muy reducido.

Puede parecernos que Richard Sevier fuera cruel o poco ético a la hora de proceder con sus experimentos, pero lo que nadie puede llevar al terreno de la duda es que Richard Sevier es el mejor neurólogo de todos los tiempos habidos o por haber.»

Fdo.: Doctor Michael Sevier

(Lo anterior corresponde a uno de los “Diarios de pensamientos y procedimientos”, pertenecientes a la familia Sevier y colaboradores, y que se extrajo a partir de la investigación que les llevó a la pena de muerte. Q1 quedó invidente al ver por primera vez la luz y jamás aprendió a hablar, pero mostró grandes habilidades para la música, al principio se asustaba con cualquier sonido, pero luego parecía que iba descifrando cada tonalidad, y hoy en día es un célebre pianista, violinista y oboísta).

2 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Escalofriante.

Besos.

Yahuan dijo...

Sí, se me olvidó quitar el ventilador.

gracias por comentar